El paso de la crisis a la nueva normalidad

Por: Dra. Tahira G. De Aronátegui (Panamá)

No pensé que iba ser tan sencillo empezar a escribir este blog personal y creo que en parte se debe a que se convierte en una vía de drenaje emocional para mí. Definitivamente esta cuarentena nos mueve a accionar de formas que no nos imaginamos. Agradezco su interés en este escrito que titulo “El paso de la crisis a la nueva normalidad”, cuyo objetivo es compartirles mi percepción de lo vivido al inicio de la cuarentena hasta estos días en que se habla de relajar las restricciones y adentrarnos a la nueva normalidad. Me gustó leer un mensaje en WhatsApp que describe a esta pandemia como una tormenta en que todos estamos sumergidos, pero cada quién l o vive desde su propio barco, entendiéndose que ese barco puede ser nuestro hogar o nuestro propio Yo con un sinnúmero de características, que enfrentamos según nuestra situación y nuestras capacidades.



A mi parecer el Covid-19 ha generado una crisis cargada de una tormenta de sentimientos y de una gama de ganancias y pérdidas. Considero que la mejor forma de enfrentarla es dejarnos llevar por ella, aprender a bailar bajo la lluvia y recoger todo lo bueno que podamos encontrar en el camino.


En lo personal al inicio de esta crisis me impacto la ansiedad colectiva a nivel mundial debido al bombardeo de información facilitada por las redes, el alto poder de contagio del virus, la instrucciones de cuarentena y el aumento del desempleo. Me tomó casi dos semanas adaptarme a estos cambios. Inicialmente experimenté angustia, asombro, abstinencia laboral, frustración e impotencia y al pasar los días me empece a sentir más tranquila, a experimentar seguridad por el manejo de las autoridades y al ver que la decisión de quedarse en casa era respaldada por los ciudadanos, acuerdo que, para mí, representaba un indicador de salud mental de nuestra sociedad. Luego de este shock social, fui identificando que a nivel nacional e internacional empezaron a llover acciones de solidaridad, fraternidad y altruismo que, ademas de calmar la ansiedad colectiva daban paso a ver esta crisis como una oportunidad de transformación y al desarrollo de nuestro potencial resiliente.



A medida que pasaban los días para la mayoría el no tener que cumplir 100% con nuestra estricta rutina cotidiana y mantenernos en el seno de nuestro hogar se convirtió en una gran calmante. Muchos recurrimos a reforzar nuestra vida espiritual y nuestra familia como Iglesia doméstica, nos permitirnos ver los conflictos que antes procurábamos evitar. Empezamos a reorganizar nuestro hogar y nuestro mundo interno. El quedarse en casa era identificado como el lugar más seguro del mundo, similar a estar en el regazo de una madre y acompañados de nuestros seres queridos, protegidos por la paternidad de nuestros gobernantes y héroes voluntarios, quienes nos disciplinaban con las medidas sanitarias a cumplir y a su vez nos contenían con sus palabras de aliento y soluciones como; atención de salud, subsidios y moratoria de compromisos económicos con los bancos. Siendo estas últimas ventajas medidas que nos permitian diferenciarnos de algunos países que se encontraban en circunstancia diferentes.



A medida que pasaron las semanas, nos fuimos habituando a esta rutina temporal, muchos manteniendonos en esa comodidad de no tener que salir a enfrentar los tranques, identificando el dinero ahorrado por la eliminación de exceso de consumo, dedicándonos a embellecer nuestro hogar. Otros, estresados por estar restringidos de su libertad, agotados y a su vez regocijados de cumplir con su rol de héroe, algunos abrumados de tanto cuidar a sus niños y adolescentes, experiencia terriblemente hermosa; otros preocupados porque el dinero se le estaba agotando y por no saber como lidear con los conflictos familiares y una minoría muy importante con el duelo de no haber acompañado, ni despedido a su ser querido.


No sabemos cuanto tiempo más nos acompañará este virus, pero lo cierto es que el virus de la caída económica nos obliga a retomar la producción del país. Para algunos, renunciar a ese estilo de vida temporal puede producir un efecto similar a regresar de vacaciones a la estresante faena laboral. El regreso a la nueva normalidad puede representar el duelo de dejar atrás el calor del hogar, la vida pausada y volver a la rutina de la producción. He aquí el pilar medular de este blog, ya que la nueva normalidad, desde afuera, nos invita al retorno


desde afuera, nos invita al retorno de nuestras actividades cotidianas, teniendo presente las medidas sanitarias por la posibilidad de contagiarnos del coronavirus. Y a nivel interno nos invita a asumir nuestra rutina con el aprendizaje y compromiso de disfrutar de nuestra familia y todo lo bueno que hemos podido aprender en esta crisis. Este reseteo mundial ha generado un impacto en nosotros y en nuestro estilo de vida, el quedarnos con lo mejor, dará sentido a todo esta crisis y sacrificio a nivel mundial. No sabemos que pasará en el futuro, pero si tenemos fe sabemos que Dios se encargara de que sea una nueva y mejor normalidad.

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